La búsqueda de una brújula para tiempos de ciclones: élites empresariales y desigualdades sociales en Argentina y México

Por Franco Riquelme

Introducción

Este ensayo tiene como objetivo explicar la desigualdad social en América Latina, más precisamente, en Argentina y México. Asimismo, no pretendemos revisar el lugar de la desigualdad desde la colonización hasta nuestros días, sino a partir de la coyuntura histórica generada a raíz de la pandemia COVID-19, enfatizando la necesidad de incorporar la perspectiva de larga duración (según el término de Fernand Braudel). Por ello es pertinente plantear ¿De qué manera el COVID-19 radicalizó la distribución desigual de la riqueza? Y más específicamente, ¿Cuál ha sido el rol de las élites empresariales en la producción de desigualdades?

En este tipo de análisis es necesario observar las causas generadoras de inequidades en las sociedades latinoamericanas, teniendo en cuenta que “la desigualdad es un concepto relacional” (Nercesian, 2021, p.21). Para ser más precisos, en un contexto planetario de carácter capitalista, la distribución desigual de la riqueza es una elección de decisiones políticas, económicas y sociales; donde también se ponen de manifiesto las indiferencias de la clase burguesa hacia la mayoría de la población. (Ansaldi, 2020). Entonces, y puesto de manera sintética, ¿Cuál ha sido el papel de las élites empresariales respecto a la distribución desigual del capital?

Así, la opción teórica para el estudio presente es desde la sociología histórica, una rama de estudio que se desarrolló en Estados Unidos a mediados del siglo XX. No me interesa- puesto que excede a lo planteado en la propuesta- hacer un desarrollo genealógico de este paradigma de pensamiento, pero sí aclarar que desde sus inicios- hasta el presente- expresa una vinculación fructífera entre disciplinas científicas que permiten “fabricar conceptos que satisfagan al mismo tiempo las construcciones teóricas y las empíricas.” (Wright, 199, p.23). Asimismo, la propuesta por la sociología histórica establece como objeto de estudio los procesos de cambios sociales (pasado y presente) que pueden ser establecidos desde una problemática weberiana ¿Por qué las sociedades (o los procesos sociales) han llegado a ser lo que son y no son de otra manera? (Ansaldi y Giordano, 2012, p.42). Entonces, desde esta perspectiva teórica creemos que es posible ensayar algunas respuestas sobre los cambios y/o resistencias que han tenido (y tienen) las elites empresariales (política y económica) respecto a las desigualdades.

Alguna coordenada teórica-conceptual para América Latina: desigualdades y élites empresariales

Actualmente América Latina es la región más desigual del sistema-mundo. De hecho, es frecuente leer y escuchar sobre la desigualdad en los ámbitos académicos y también por fuera de ella. Incluso es dable suponer que en el imaginario social es un concepto sobreentendido, esa inflación semántica suele ocluir el pensamiento reflexivo. Pues vamos! ¿Qué es la desigualdad? ¿Por qué se produce la desigualdad? La formulación de cualquier análisis explicativo impone el plural, desigualdades.

En este sentido, consideramos necesario algunas premisas sobre las desigualdades. En primer lugar, es un concepto multidimensional porque las inequidades “operan en varios niveles a la vez: en los ingresos, en la acumulación de patrimonio, en el control del capital, el acceso a servicios, entre muchas otras dimensiones.” (De Rosa, 2021, p.16). En segundo lugar, es un concepto relacional debido a que la distribución de la riqueza e ingresos genera individuos/grupos pobres y ricos, es decir, posibilita el desarrollo del ciclo sistémico del capital a partir de la (re) producción de las clases sociales. En tercer lugar, la desigualdad implica un carácter normativo (¿es justo o injusto?) en el ámbito societal y en esta perspectiva se “denota la ausencia o falta de algo: igualdad.” (Therborn, 2015, p.11). En pocas palabras, la desigualdad mata.

Una visión muy divulgada en América Latina es que la pobreza y la desigualdad están estrechamente relacionadas y las políticas estatales aún en el siglo XXI no han logrado reducir estos factores. Cuenta de ello han sido los estudios publicados por Oxfam (2015) al referir que Latinoamérica “es la región más desigual del mundo”[1] según los ingresos per cápita. También están los registros sobre la concentración de la riqueza, de la tierra y sobre los ingresos de lo que van siendo las primeras décadas del nuevo siglo. Todos estos datos son, más bien, una red de desigualdades económicas, sociales y culturales; porque detrás de cualquier cifra como las que arroja el Índice de Gini[2], hay millones de personas que buscan sobrevivir aún con las deficiencias de no poder satisfacer las necesidades materiales primordiales, esto es: vivienda, salud, agua potable, alimentación, etc. Una última consideración de lo dicho hasta acá, es que, en el 2014 el “10% más rico de la región acumulaba [acumula] el 71% de la riqueza y del patrimonio.”[3]

Así, podemos afirmar que las desigualdades en América Latina no son solamente altas sino también persistentes; puesto que la concentración de la riqueza es privilegio de un sector minoritario desde hace décadas (Valdés, 2017). Mejor dicho, si consideramos un periodo de media duración que va desde la década de 1970 hasta nuestros días (2021) damos cuenta de la compleja trama histórica que hay entre las élites empresariales y las desigualdades, con sus procesos de cambio social y político.

La desigualdad no es una matriz natural de las sociedades sino fruto de decisiones humanas, ya sea en materia económica, política, social e inclusive moral.  La coyuntura en curso, ha dado cuenta de que la propagación y letalidad de la COVID-19 es más frecuente en personas pobres y marginadas, mientras que la burguesía dispone de varios recursos para proteger a los suyos del virus. Es aquí donde resulta pertinente precisar el concepto de las elites y sus vínculos con el poder político y/o económico, para la reproducción de privilegios y desigualdades sociales.

El término “elites” es de larguísima data, tanto que se remonta a los tiempos de la antigua Grecia de Platón y Aristóteles. Su uso persistió en la tradición del pensamiento político, en la modernidad con Nicolás Maquiavelo hasta Saint Simon y Augusto Comte. (Osorio Rauld,2015, p.114). En términos generales, estos pensadores tuvieron “una preocupación normativa por quiénes debían dirigir las sociedades modernas” (Osorio Rauld, 2015, p.114). De allí que, dependiendo el caso, el dirigente debía ser industrial, científico o políticos profesionales.

Mayor precisión científica adquiere el concepto a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX con Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels, devenidos en teóricos clásicos de las elites. Escapa a nuestro interés describir la conceptualización que realizan estos pensadores, pero sí mencionar que; la tríada intelectual coincide tanto en el análisis sobre la relación de las elites con la sociedad, como también al inaugurar nuevas miradas conceptuales que critican concepciones liberales y marxistas.

Ahora bien, el concepto de “elite” la definimos “como una forma histórica de dominación política [y económica] de clase, caracterizada por la concentración del poder en una minoría y la exclusión de la mayoría de la sociedad de los mecanismos de decisión política” (Ansaldi y Giordano, 2016, p. 465). Si bien los autores emplean esta definición para el concepto de oligarquía, consideramos que también es pertinente para el de elite, aunque con significativas diferencias. El sociólogo Jorge Graciarena en su libro “Poder y clases sociales en el desarrollo de América Latina” (1967) planteó algunas distinciones entre oligarquía y elite, siendo que para el primero las bases del poder es la cuestión agraria; mientras que para el segundo el poder está centrado en las industrias y clases medias.

Precisemos. Tanto la oligarquía como la elite son dos formas de dominación que establecen las clases dominantes. En América Latina, los procesos de industrialización iniciados a comienzos del siglo XX socavaron las bases del poder oligárquico; sobre todo si tenemos en cuenta también un elemento detonador como la crisis en la década de 1930. Sin embargo, esto posibilitó que “fracciones de la clase dominante vinculadas al poder en el ámbito rural se adaptaran a las nuevas condiciones (…) o han sobrevivido sin experimentar cambios considerables en su poder efectivo.” (Rodríguez de la Fuente,2017, p.93). Aquí también consideramos completar la reflexión con el análisis que realizan Waldo Ansaldi y Verónica Giordano, en una sintonía afín con Graciarena, cuando refieren que:

 “América Latina construyó una estructura de poder que es una amalgama primordialmente de carácter ideológica: los diferentes grupos se aglutinaron a partir de un ‘compromiso político’ (…) [siendo una] alianza de poder entre: la vieja clase terrateniente, los nuevos sectores vinculados a la industria y el comercio, y sectores altos de las clases medias.” (2016, p.510).

A su vez, Francisco Durand (2010), en un artículo titulado “Empresarios a la Presidencia” postula que el patrón de acumulación del capital basado en la valorización financiera -iniciado a mediados del siglo pasado en nuestra región- comenzaron a desarrollarse movimientos empresariales, un activismo de ingresar a la escena política a fin de garantizar el libre movimiento del capital (a nivel nacional y mundial), la privatización y extranjerización de servicios, la reducción del gasto público; entre otras medidas destinadas hacía una economía de mercado.

Un miembro del personal de limpieza desinfecta los pasillos del mercado de flores de Jamaica (Ciudad de México), que cerró sus puertas debido a la COVID-19, el 7 de mayo de 2020. Fotografía de Manuel Velásquez.

En efecto, los empresarios políticos han devenido desde el siglo pasado en la práctica de “capturar el Estado”, esto es, “la acción de individuos, grupos o firmas, en el sector público y privado, que influyen en la formación de leyes, regulaciones, decretos y otras políticas del gobierno, para su propio beneficio” (World Bank p.XV, 2000). De hecho, esta acción política empresarial es diversa en cuanto a sus comportamientos y acciones, por lo cual Durand distingue cinco tipos[4], interesándonos solamente dos para nuestro argumento que son: a) elecciones con acomodos empresariales a partidos o candidaturas populistas, y b) candidaturas y gobiernos conservadores de empresarios. (2010, p.72). Hay que destacar que, en el primer caso, las acciones políticas son resultados de reuniones privadas entre empresarios y figuras con altas posibilidades de triunfo electoral, estableciéndose el acomodo político cuyas decisiones gubernamentales estarán influidas por empresarios; de allí el término poco feliz de “captura del Estado”. Esta práctica empresarial, es evidente en el caso argentino durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999) la presencia de empresarios y técnicos ligados a ellos fue notable en puestos decisivos[5] que posibilitaron la aplicación exitosa de reformas económicas neoliberales. En el segundo caso, las acciones empresariales eligen partidos políticos, viejos o nuevos, pero que expresan posiciones de derecha con la capacidad de construir hegemonía en sectores populares de la sociedad. (Durand, 2010:72-80). Este ejercicio empresarial ha tenido (y tiene) fuerte presencia en América Latina, pero aquí nos referiremos por cuestiones de espacio, a la región de Argentina con el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) y en México con los mandatos de Vicente Fox (2000-2006) y el de Enrique Peña Nieto (2012-2018).

En los últimos años, se han acrecentado los vínculos entre las elites empresariales con puestos claves en la gestión estatal, haciendo de la desigualdad un dato estructural de nuestras sociedades (Ansaldi, 2017, p.31). Precisamente porque la decisión pública está dirigida por intereses privados, de allí que nos interese someter a análisis crítico un artículo de Ana Castellani “Lobbies y puertas giratorias. Los riesgos de la captura de la decisión pública” (2018) con el propósito de explicar la relación entre las elites económicas y elites políticas, que según la hipótesis de la autora, hay determinados mecanismos y acciones que utilizan las elites económicas para incidir en la decisión estatal.

La metáfora de María Antonieta: La violencia desbocada en Argentina y México

De acuerdo con la tradición revolucionaria francesa (tal vez apócrifa), la reina María Antonieta, al oír que los habitantes de París pedían pan, les preguntó a sus cortesanos: “¿y porqué no comen torta?” Esta metáfora histórica, ilustra no solo la indiferencia de un grupo minoritario sino también la indiferencia hacia el resto de la sociedad. (Therborn, 2015:28). Esto es notable en el sistema-mundo capitalista y particularmente en las últimas décadas en América Latina; donde ha sido formidable el avance de las derechas cuyo núcleo orgánico es el mantenimiento por la desigualdad.

Asimismo, es notorio en nuestros días la crisis hegemónica estadounidense, pari passu, el desarrollo progresivo de China en el sistema mundial capitalista. Todo lo mencionado aquí se realiza en un contexto dominado por el patrón de acumulación del capital, basado en la valorización financiera; que ha generado y genera una distribución desigual de la riqueza, donde la violencia es parte constitutiva de la burguesía en el ejercicio del poder político. Esto no es nuevo, el sociólogo Barrington Moore (1968) lo sintetiza formidablemente al afirmar que:

 En general, la violencia de los poderosos ha sido la de la propia sociedad organizada y ha cumplido un propósito general: ha sido parte de los métodos por los cuales las clases dominantes han extraído un excedente económico de las clases bajas y han transmutado este excedente en cultura. Esta forma de violencia es la más antigua y persistente. (pp.11-31).

Una mujer desempleada por la crisis de covid-19 en la Ciudad de México, 14 de marzo de 2022. Fotografía de Roberto García Ortiz.

Mal que les pese a muchos, la reflexión de Moore continua presente en nuestros días, el avance progresivo de las derechas (posición política) ha tenido la capacidad formidable de construcciones ideológicas en las clases subalternas, ya no solamente en la burguesía. Esto es preciso advertir en tiempos pandémicos donde el comportamiento de clase burgués muestra la indiferencia por la vida de la mayoría de la población mundial (Ansaldi, 2021).

Ahora bien, las formaciones sociales y políticas económicas que estableció el denominado neoliberalismo a partir de 1970 y cuyo paroxismo alcanzado fue durante el gobierno menemista (1989-1999) y macrista (2015-2019) en Argentina, y en el caso mexicano; con los gobiernos de Vicente Fox (2000-2006) y el de Enrique Peña Nieto (2012-2018). En todos estos gobiernos:

La cartografía social presenta, por un lado, una franja más reducida de “ganadores”, representados por las élites planificadoras, los sectores gerenciales y profesionales, los intermediarios estratégicos (…). Por otro lado, encontramos un vasto y heteróclito conglomerado social de “perdedores”, entre los que se cuentan importantes sectores de la clase media tradicional que hoy sufre los efectos de la descalificación social y la precarización laboral (Svampa,2004, p.55).

Por ello, consideramos necesario tener presente el avance de las derechas en México y Argentina, de qué estos empresarios maneras accedieron al poder y qué implicancias políticas y económicas dejaron para los gobiernos sucesores que son Alberto Fernández (2019) y López Obrador (2018).

El avance progresivo de las derechas en Argentina y México

En Argentina, el triunfo electoral de Mauricio Macri en el 2015, según Nercesian (2020:84) puso de manifiesto dos cuestiones claves, la primera es que ganaba una fuerza de derecha por vía democrática – a través de la alianza Cambiemos- y lo segundo es que puso fin al proyecto popular kirchnerista (2003-2007/2007-2011/2011-2015). Esta fuerza política que llegó al poder, es una coalición nacida en el 2015 que está conformada por la Propuesta Republicana (PRO, 2003), la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica (CC, 2002), cuya hegemonía es detentada por el PRO. (Nercesian, 2020:85).

Ahora bien, una propia definición de la coalición fue realizada por Marcos Peña, Jefe de Gabinete de Ministros, en el 2018 cuando mencionó que “somos un animal nuevo en el zoológico y eso genera, muchas veces, muchas dificultades para tomar nota de las señales que emitimos en este sistema de poder donde nos movemos.”[6] Esta metáfora zoológica, como explica Paula Canelo (2019) es la de sujetos políticos de derecha con nuevas formas de renovación discursiva, el tipo de campaña, la necesidad de gestionar la política como algo técnico, empresarial. De allí, la expresión de cambio como “núcleo duro de sus propuestas” (Ansaldi, 2017, p.34).

Así, se configuraba en la realidad argentina una nueva política con formato empresarial, teniendo principalmente a Mauricio Macri como presidente de la Nación, María Eugenia Vidal como gobernadora de la provincia de Buenos Aires, y por último, Horacio Rodríguez Larreta en la Jefatura de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). No es casual que estas figuras tengan un recorrido amplio entre lo público-privado, donde por cuestiones de espacio solo destacaremos la trayectoria empresarial de Macri. La misma se inició a través de su padre, Franco Macri, vinculado al rubro de la construcción y viéndose favorecido por las contrataciones con el Estado. (Nercesian, 2020, p.86). Más pronto que tarde, la familia Macri incrementó su negocio empresarial (Grupo Macri Socma) durante el siglo pasado, particularmente en el periodo que va de 1930 a 1980. No es de sorprender, por lo tanto, que en las dos décadas siguientes el grupo Macri se mantuvo entre los primeros del grupo empresarial; sabiendo moverse en el mundo financiero, y colocando empresarios en puestos de gobierno, estableciéndose lo que Castellani denomina como circulación público-privada que se caracteriza “por la existencia de un grupo estable de individuos que desarrollan sus carreras laborales ocupando alternativamente cargos altos en el Estado y en el sector privado.” (2018, p.56).

Por su parte, Mauricio Macri desde la década de 1980 se ocupó dentro de la empresa Socma de orientarse hacia el capital financiero, un aspecto renovador que encontró sus diferencias con su padre a comienzos del siglo XXI, con la crisis del 2001. En esa coyuntura, Franco “apostaba por la pesificación para sanear las deudas de las empresas y cargarlas sobre el Estado, en cambio, Mauricio prefería la dolarización, porque tenía su mayor capital en cuentas del exterior.” (Nercesian, 2020, p.87). Al mismo tiempo, el hijo Macri, empezaba a ingresar de manera activa en el campo político, primero como diputado (2005-2007), posteriormente se postula como candidato a jefe de gobierno porteño siendo electo en el 2007; donde fue construyendo las políticas del PRO en cuanto a los discursos, la ampliación de base política, colaboración de medios de comunicación, todo esto le permitió finalizar con los gobiernos kirchneristas al ser electo como presidente en el 2015.

Por otra parte, el caso mexicano refiere un proceso similar de prácticas empresariales en torno al campo político, siendo ilustrativo el fenómeno de Vicente Fox cuando resultó electo como presidente (2000-2006) luego de una innovadora campaña electoral realizada en el año 2000, donde Fox “se presentó como candidato de la Alianza por el Cambio, integrada por el Partido Acción Nacional (PAN, 1939) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM, 1984).” (Nercesian, 2020:94). Asimismo, al igual que Macri, Fox es un empresario iniciado en la compañía internacional Coca-Cola, experimentando también en la sección agrícola e industrial. En cuanto a su paso por la política fue creciendo en escala también, vinculado al PAN a fines de 1980 resultó electo como diputado federal en el estado de Guanajuato (1988-1991) y años más tarde logró ser gobernador en el mismo estado (1995-1999).

Lo dicho anteriormente fue la antesala a la presidencia de Fox donde implementó toda una maquinaria electoral original, entre ellas, la implementación del internet siendo pionero en esa estrategia, consiguió la colaboración de redes comerciales de Estados Unidos para la difusión de su campaña, también combinó una imagen popular donde usaba botas texanas, lenguaje coloquial lo que resultaba seductor para el sector campesino y empresarios que tenían trayectoria histórica en el PRI. Con toda esta plataforma mediática, popular y empresarial; llegó a la presidencia donde aplicó una economía neoliberal en la que también junto con su familia “tuvieron un sustantivo incremento patrimonial y participación (…) en diversas empresas: transporte, alimentos, construcción, productos agrícolas, bebidas, crianza de ganado. Más tarde incluyó servicios financieros, minería y petróleo.” (Nercesian, 2020, p.97).

Sin embargo, los proyectos de Fox se concretaron años más tarde, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018) perteneciente al PRI, quien estableció una serie de reformas que abarcan el campo político, económico, social y cultural; siendo el más significativo el referido a la rama energética (2013), perjudicando la soberanía política de los recursos. Por ello, no es de sorprender que tras concluir su mandato se marchase con bajos niveles de aprobación (Nercesian, 2020, p.191).

Con todo, el triunfo de fuerzas progresistas fue notable también en ambos países, Andrés Manuel López Obrador (2018, México) y Alberto Fernández (2019, Argentina) poniéndoles fin, al menos temporalmente, a las derechas. Aunque también es preciso señalar que hasta el momento (enero del 2022) no han logrado que la mayoría de la población sea participe del crecimiento económico, siguen siendo excluidas del acceso a bienes, servicios, al mercado; lo que pone de manifiesto los limites de los gobiernos democráticos de signos ‘populares’ para reducir las desigualdades dentro de un abanico de posibilidades. En el contexto actual, un aspecto relevante es lo que señala Waldo Ansaldi de manera formidable: “las fuerzas de derecha pueden tolerar el ejercicio del gobierno – que no es lo mismo que detentar el poder- por fuerzas “progresistas”, de izquierda reformista o “nacional-populares” hasta el punto en que sus acciones rocen el núcleo duro de sus intereses. En el interín, pueden conspirar, sabotear de diferentes maneras (una el desabastecimiento de productos básicos para la alimentación y la salud), estar expectantes, y, en el límite, apelar a formas de violencia armada civil” (2017, p.34).

¿En tiempos de ciclones quiénes contemplan la vida?[7]

La pandemia actual de la COVID-19 ha generado una proliferación de estudios en el campo de las ciencias sociales respecto de sus efectos –aunque también de su(s) origen(es)- del cual me interesa desarrollar una serie de elementos que iré explicando a continuación. Un primer elemento es desde una visión holística del sistema-mundo, con el propósito de explicar la profusión de pandemias en nuestras sociedades capitalistas.

Un hombre, con una máscara facial protectora, espera en línea con un contenedor de alimentos para recibir comida gratis de un comedor de beneficencia en el barrio marginal de Villa 31 (Buenos Aires, Argentina) durante un cierre ordenado por el gobierno, el viernes 1 de mayo de 2020. Fotografía de Natacha Pisarenko. 

En este sentido, concuerdo con el sociólogo Waldo Ansaldi que enfatiza a partir del análisis dialectico del proceso histórico la siguiente conclusión; “la unificación microbiana del mundo se produjo como parte del proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental.” (2020, p.5). Es decir, a partir de la conformación del capitalismo y el estado-nación fueron la combinación para el establecimiento del nuevo modo de producción. En buena parte, y asumiendo una larga duración, del siglo XV a nuestros días se produjeron diecisiete pandemias de las veinte mayores que han ocurrido en la historia mundial. No es casual, desde la conquista de América se importaron pandemias por los conquistadores, ya sean por vía directa o indirecta (Ansaldi, 2020).

Desde otra perspectiva teórica, Maristella Svampa (2020)[8] analiza la relación entre capitalismo y la pandemia COVID-19, una explicación posible del origen pandémico se debe para la socióloga a la deforestación, la destrucción de ecosistemas “que expulsa a animales silvestres de sus entornos naturales y libera virus zoonóticos que estuvieron aislados durante milenios, poniéndolos en contacto con otros animales y humanos en entornos urbanizados y posibilitando así el salto interespecie.”(Svampa, 2020, p.2).  Desde este análisis, la COVID-19 bien pudo originarse en cualquier región del mundo, aunque haya ocurrido en China, debido a que el modelo productivo (y destructivo) del capitalismo es global.

En nuestro caso latinoamericano, la pandemia puso de manifiesto las limitaciones y desigualdades de cada sociedad. Viejos problemas que persisten. Las limitaciones son estructurales, la gran mayoría de los Estados establecieron políticas públicas y asistenciales que lejos están de una lógica que comprenda las condiciones de (re)producción y profundización de las desigualdades en tiempos de crisis: trabajadoras/es de la economía popular, políticas sostenibles de protección social y de seguridad frente al COVID-19.

Ahora bien, en tiempos de crisis se establecieron políticas con respecto a la dimensión espacial, es decir, al territorio. Entre esas políticas se destacan las nuevas formas de organización de las sociedades actuales, donde la racionalización del espacio radicaliza sus fronteras, es la confinación lo que impide que las personas se desplacen de un sitio a otro, por ejemplo, del campo a la ciudad y viceversa (Ortiz, 2000). Se trata, pues, de una administración estatal respecto de la movilidad, el cual adquiere varios significados, entre ellas la circulación económica, profesional, y, por último, la doméstica. Estas circulaciones se encuentran delimitadas por un anillo radial lo que permite diferentes medidas de administración política (Ortíz, 2000).  En nuestro tiempo pandémico resultan ser el control y vigilancia de transeúntes respecto al uso de barbijos, horarios de salidas recreativas, cumplimiento de la cuarentena.

En este sentido, apelo a la metáfora de Bauman (2003) de la ‘defensa de la comunidad’ donde el miedo (en este caso dado por el coronavirus) “aleja a las personas de los lugares públicos y le impide procurarse las artes y oficios necesarios para compartir la vida pública.” (p.100). Aquí, por cierto, concuerdo con Julián Varsavsky[9] al decir que “nadie protesta, aunque vivamos en un sistema que explote nuestra libertad.” (23 de marzo de 2020). No obstante, la cuestión sobre está ‘política del miedo cotidiano’ ha tejido diversas posturas en las sociedades que podemos sintetizar en dos: quienes aceptan cabalmente las medidas políticas de restricción a espacios públicos, extensión de la cuarentena, aceptación de protocolos: utilización de barbijos, aplicación de alcohol en gel, medición de la temperatura corporal, etc. Y, en segundo lugar, quienes desconfían escépticamente de la pandemia de coronavirus y observan medidas políticas autoritarias que restringen la libertad social.

A propósito de ello, permítanme una breve digresión que viene al caso. Hay muchos prejuicios y negación por parte de las políticas occidentales en cuanto al origen y asistencia de las vacunas en nuestras sociedades, aquí es notable poder pensarlo en términos ideológicos. Las derechas en América Latina han negado la crisis pandémica como en el caso de Jair Bolsonaro en Brasil, el toque de queda (2020) realizado por el entonces presidente peruano Martín Vizcarra, las represiones militares en Chile (aunque también ha sido notorio en gobiernos denominados progresistas). También, desde el año pasado las posiciones de derecha en Latinoamérica, han denostado de un modo fundamentalista algunas vacunas como la rusa, cubana y china, solo por mencionar algunos casos.

 Es cierto, “hay diferentes formas burguesas de matar sin disparar un solo proyectil.” (Ansaldi, 2021, p.39). Ejemplo de ello hay varios, pero solo expondré tres: 1) El presidente brasileño Jair Bolsonaro ha priorizado la realización de la Copa América lo que generó una movilización en más de trescientas ciudades, las consignas son harto evidentes “Vacuna en el brazo, Comida en el Prato y Fuera, Bolsonaro”.[10] Evidencia empírica de la indiferencia política brasilera, que hasta el momento alcanzó el medio millón de muertes por la pandemia. 2) La búsqueda de monopolizar la producción farmacéutica en la búsqueda de la ‘cura’. 3) la discriminación clasista, racista y/o etaria en los tratamientos con los infectados: “dejar morir a los ancianos, a los afrodescendientes (como se ha denunciado en los Estados Unidos), a los pobres e indigentes.” (Ansaldi, 2021:39).

Retomo el hilo de argumentación. Es cierto que la reclusión generada por la pandemia, es una invitación a la contemplación como admite en buena medida, la propuesta teórica del filósofo Byung Chul-Han en el libro “La sociedad del cansancio” (2010); sin embargo, aquí tengo una reticencia teórica, o si cabe la expresión, una desconfianza. A la hora del balance es necesario analizar la sociedad entera; y el concepto de ‘fragmentación social’ (Svampa, 2004) ofrece claves explicativas para nuestro presente, puesto que no solo es geográfica sino también económica y social, acrecentado por el modelo societal neoliberal que se caracteriza por “el cambio en los modelos de socialización, la transformación de los espacios de sociabilidad y la consolidación y efectos que generan ciertas formas de ciudadanía.” (Svampa, 2004:60).

Cabe señalar, además, que la pandemia actual revela y profundiza las desigualdades sistémicas “del capitalismo global y expansivo” (Sarlo, 2009:31). Aspecto que se hace harto evidente entre quienes ‘aspiran el aroma del tiempo’, aquella vida contemplativa y de descanso, y por otro lado, aquellas vidas que están sorbidas ‘por la absolutización del trabajo’ expresa el relato de Varsavsky (23 de marzo de 2020). Porque vamos!, en tiempos de ‘ciclones’ parecen acrecentarse los posicionamientos de la derecha, la fragmentación social devenida en clases sociales, las tecnologías de control y normalización, que mal que nos pesen, siguen presentes en el siglo XXI. 

El arte de la gobernabilidad ¿A qué fuerzas invocar para navegar contra el viento?

En el marco de la crisis sanitaria de la COVID-19 (2020- 2022) que transcurre hasta nuestro presente inmediato ha sido y es generadora de las diferentes desigualdades comentadas anteriormente. La característica fundamental que debemos distinguir en el impacto del virus pandémico es que América Latina es una región periférica, dentro de una economía-mundo capitalista dinámica. En consecuencia, la capacidad de producir y distribuir capital es diferente a las zonas del centro mundial posibilitando estructuralmente las desigualdades de desarrollo.

Tanto Argentina como México se caracterizan por un periodo de contracción, de receso económico, donde la primacía comercial evidencia signos de mayor dependencia hacia Estados Unidos, principalmente en los sectores financieros de la banca (intercambio, depósito y crédito) y de la inversión, a pesar de que en ambos países hay gobiernos reformistas; no han sido capaces de cumplir con los programas sociales y económicos establecidos en las agendas electorales.[11] Aquí hay que observar una regla histórica, el triunfo electoral no asegura hegemonía, esta última hay que construirla diariamente, una tarea ardua en tiempos de ciclones. ¿En situaciones de crisis económica las masas por quién optará? ¿la extrema derecha, la izquierda o el reformismo? Es una pregunta que todo analista de coyuntura debe tener presente.

Ahora bien, en ambos países las elites empresariales fungen como polos de oposición a los gobiernos reformistas como también capacidad de presión para exigir apertura de la economía, la reducción de los costos salariales, impositivos y de logística, así también de la cuestión energética.[12] En una sintonía afín, el ciclón para estos países tiene dos variables, en primer lugar un legado de ajustes neoliberales y, por otro lado, el impacto del COVID-19; que dependiendo con el cristal que se lo mire han logrado radicalizar las desigualdades en el conjunto de las sociedades.

Durante el período 2020-2022 se limitó el transporte y la circulación de personas, pari passu, habilitándose solo el funcionamiento de actividades consideradas esenciales lo que afectó al mercado de trabajo hasta el presente (julio de 2022) donde aumentaron las tasas de desocupación, una reducción en las tasas de actividad y empleo como también de ingresos.[13] Asimismo, el virus de Wuhan evidenció en ambos gobiernos la capacidad del sistema público de atención y la escasez de recursos en distintas jurisdicciones. Más aún, tanto López Obrador como Alberto Fernández impulsaron paquetes de estimulo para la economía en el marco de una política fiscal con un sesgo expansivo dentro del mercado interno, complementándose con programas sociales para sectores específicos de la sociedad.

Con todo, las dificultades que enfrentaron los gobiernos durante el 2020 hicieron visible que la desigualdad es un factor persistente en América Latina y que ocluye la posibilidad del desarrollo y democrático de nuestras sociedades. La situación de crisis en el curso mexicano y argentino plantea al menos dos opciones tajantes: a) establecer estrategias políticas con las élites y defender sus privilegios, o si en cambio y aquí el otro punto b) se establecen medidas gubernamentales de confrontación con las usinas del poder económico, aún reconociendo su capacidad de veto.

Conclusiones: ¿Para qué sirve una brújula en tiempos de guerra?

Todo/a analista de coyuntura histórica debe saber que los acontecimientos en curso pueden modificarse sustancialmente, llegando incluso a contradecir lo expuesto por cualquier análisis. Es posible que la pandemia de la COVID-19 – en el transcurso que media la escritura y su posterior publicación- devenga en una cuestión orgánica (al decir de Gramsci) para las sociedades latinoamericanas respecto al impacto social y económico en estos últimos años (2020-2022), donde está quedando manifestado en varios gobiernos que la expansión infinita del capital está por encima de intentar reducir las desigualdades ciudadanas. En muchos casos, “salvar la economía” implicó priorizar el beneficio de las elites empresariales. (Bohoslavsky,2020, p.87).

Ahora bien, ¿Qué transformaciones podrá producir el conflicto bélico de Rusia y Ucrania en un mundo tan integrado? ¿Puede esperarse en el hipotético caso, un proyecto viable de transformación anticapitalista? Son preguntas actuales y posiblemente no tengan una explicación única. Es deseable que, los lectores y lectoras, no le teman a las preguntas y respuestas incomodas. Proyectar el futuro, implica pensar, captar, e inclusive elaborar las claves necesarias para analizar la realidad pasada y presente de nuestras sociedades.

Guiado por ese criterio, la guerra en Ucrania es y será generadora de nuevas desigualdades en el sistema-mundo actual. En el trasfondo de la guerra, los patrones de producción capitalista a nivel global se debaten entre Estados Unidos, China y Rusia. Como bien detalla Ignacio Ramonet,[14] América Latina no es el actor relevante en este escenario geopolítico, pero se está/estará afectado económicamente. Ejemplo de ello, es que en el 2019 “Sudamérica exportó bienes y servicios por un valor de 66.000 millones de dólares a Estados Unidos y de 119.000 millones a China, pero apenas de 5.000 millones a Rusia.” (4 de marzo de 2022). Además, hay que tener en cuenta que Rusia y Ucrania son productores importantes de petróleo y gas, de varios metales y productos alimentarios. Todas las importaciones, en nuestro caso, en América Latina, están afectadas por el alza de precios. Una última cuestión, no menos importante, es preguntarnos ¿la dependencia latinoamericana tendrá sus satélites en Washington, Moscú, en Pekín?

Referencia bibliográfica

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[1] En Oxfam (2015:11). Privilegios que niegan derechos. Desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe.

[2] En particular aquí seleccionamos el caso argentino (1980-2019) a partir de datos que fueron obtenidos a través de encuestas de hogares de los organismos de estadística del gobierno y los departamentos de país del Banco Mundial. Disponible en:  https://datos.bancomundial.org/indicator/SI.POV.GINI?end=2019&locations=ZJ-AR&start=1980&view=chart

[3] En Oxfam (2015:11), Privilegios que niegan derechos. Desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe.

[4] Los otros tipos de acción empresarial que menciona el autor son: protestas y revueltas empresariales, golpes de Estado y, por último, invasiones militares.

[5] Esto es notable particularmente en 1989 cuando asumió Menem, nombró como Ministro de Economía a Miguel Ángel Roig quien enseguida “puso en práctica el llamado <<Plan B & B>> de reformas económicas, que hizo girar a Argentina en una dirección neoliberal y dio lugar a formas de privatización extremas” (Durand,2010:78).

[6] Marcos Peña “Conversación pública entre el jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña y, el Ministro de Cultura, Pablo Avelluto, con los socios del CPA”, reunión de socios del lunes 19 de marzo de 2018, disponible en www.clubpolíticoargentino.org/reunion-de-socios-64.

[7] Esta sección está basada en Riquelme (Volumen IV- Número 2: 53-59). Revista Fuegia, 2021.

[8] La pandemia desde América Latina. Nueve tesis para un balance provisorio. Disponible en: https://nuso.org/articulo/la-pandemia-desde-america-latina/

[9] Artículo periodístico escrito por Julián Varsavsky, en el diario Página 12, sección contratapa, el día 25 de marzo de 2020.

Link de acceso: https://www.pagina12.com.ar/255124-el-aroma-del-tiempo-en-el-mundo-capsula

[10] Redacción Internacional. Movimientos sociales protestan en Brasil por vacunación contra la COVID-19. Recuperado el 28 de agosto de 2021. Disponible en: http://www.granma.cu/mundo/2021-04-20/movimientos-sociales-protestan-en-brasil-por-vacunacion-contra-la-covid-19-20-04-2021-15-04-05

[11] Para una mayor información véase para el caso mexicano “Programas sociales de AMLO en Centroamérica: en dos años no llegan a la mitad de beneficios prometidos” https://www.animalpolitico.com/2021/09/programas-sociales-de-amlo-en-centroamerica-en-dos-anos-no-llegan-a-la-mitad-de-beneficios-prometidos/ y para el caso argentino “El gobierno de Alberto Fernández: balance del primer año de gestión. Una mirada desde la economía política” https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/elatina/article/view/7214/pdf .

[12] Para mayor información véase para el caso mexicano “AMLO sobre las demandas del T-MEC” https://www.nodal.am/2022/07/amlo-sobre-las-demandas-del-t-mec-no-vamos-a-entregar-nuestra-independencia-a-ningun-gobierno-extranjero/ y para el caso argentino “Subsidios de luz y gas: cuánto tengo que pagar si no completo el Formulario RASE” https://www.cronista.com/economia-politica/subsidios-de-luz-y-gas-cuanto-tengo-que-pagar-si-no-completo-el-formulario-rase/.

[13] En el caso mexicano https://www.animalpolitico.com/2022/07/mexico-casos-covid-dos-anos-cinco-meses-pandemia/ y en el argentino https://www.nodal.am/2022/07/masivas-concentraciones-de-movimientos-sociales-para-exigir-un-salario-basico-universal/.

[14] Artículo periodístico escrito por Ignacio Ramonet, en el diario Le Monde Diplomatique, el día 4 de marzo de 2022. Link de acceso: https://mondiplo.com/america-latina-y-la-guerra-de-ucrania.

Trenzar Memorias, No. 3, Noviembre, 2022

Franco Riquelme
Franco Riquelme
Franco Riquelme es docente en Historia y se encuentra finalizando sus estudios en la Licenciatura en Historia en la Universidad Tres de Febrero (Buenos Aires, Argentina). Actualmente, se desempeña como profesor en el Instituto Provincial de Nivel Superior "I.P.E.S Paulo Freire" (Río Grande, Tierra del Fuego) donde también dirige la coordinación del Curso Introductorio. Escribe periódicamente ensayos universitarios en la revista Fuegia (Universidad Nacional de Tierra del Fuego) y literarios "La oscuridad del signo" (Editorial Suri Porfiado) y "Las campanas no tienen paz" (Editorial Cultural de Tierra del Fuego).